Elena Garquin nos habla de su nueva novela, Tiempo de Promesas, a la venta el 23 de enero

12 enero 2017


Hoy os traigo un post muy especial, sobre todo para mí misma. Elena Garquin repite con Ediciones Pàmies y su sello romántico Phoebe, y nos trae Tiempo de Promesas, del que podremos disfrutar a partir del día 23 de enero. Y Elena, muy amablemente, ha aceptado hablarnos un poco sobre su nueva y apetitosa obra. ¡Muchísimas gracias, Elena! Siempre será un honor y un placer tenerte por aquí. Sin más, os dejo con sus palabras:
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Bueno, pues hoy estoy yo por aquí, gracias a Carolina, que me ha invitado para contaros alguna que otra curiosidad con la que me he topado a la hora de crear la historia de Martín y Jimena, los protagonistas de TIEMPO DE PROMESAS, novela que saldrá a la venta el día 23 de enero de la mano de Phoebe. Espero no aburriros demasiado y saciar vuestra curiosidad acerca de algunas curiosidades con las que me encontré a la hora de escribirla.

Todo empezó con un sueño. Sí, aunque os parezca extraño, hace unos veinticinco años más o menos (y es que yo ya tengo una edad…) tuve un sueño recurrente en el que me veía a mí misma con una túnica blanca y largo cabello rubio (nada más lejos de la realidad, os lo aseguro), mirando desde lo alto de una muralla hacia un campo completamente despejado. Algo así, pero con un castillo de por medio. Así nació Jimena, en pleno siglo X. Cuando las batallas por reconquistar territorio cristiano se ganaban tanto como se perdían. Cuando los hombres eran capaces de derramar sangre por algo como el honor o el orgullo. Martín es uno de ellos. Un guerrero experimentado en esas lides (y en otras, ya lo podréis comprobar) fiel al rey Ordoño, que decide cambiar sus miras y dirigirlas a algo mucho más ambicioso que la victoria en una batalla: una mujer.

Era una época más que difícil, para qué negarlo. Afortunado era el hombre que llegaba a la edad adulta sin acabar sus días víctima del hambre, la enfermedad o la guerra. Los guerreros de entonces no podían llamarse caballeros, puesto que el término aún no se había acuñado, y caballero sería aquel que poseía un caballo, un bien que estaba al alcance de muy pocos. Por otro lado, tampoco existían las armaduras como hoy día las conocemos. Tendrán que pasar algunos años para eso. Mientras tanto, la cota de malla, el yelmo y el sobreveste, túnica corta o similar, era la vestimenta con la que encaraban los ataques del enemigo.

No obstante, protegían su pecho con un peto de cuero durante los entrenamientos en las fortalezas, que se alargaban a prácticamente todo el día debido a la necesidad constante de defensa, y sus órganos genitales con una especie de bolsa hecha del mismo material. De hecho, Jimena se muestra muy sorprendida e interesada cuando Martín le informa de ese hecho para evitar que se preocupe por él…

Hemos hablado de las guerras pero, ¿qué decir de las enfermedades? En una época de oscurantismo y supersticiones varias, la higiene era poca o nula. Por lo tanto, la transmisión de los gérmenes, virus y bacterias que conocemos hoy en día era rápida y, en la mayoría de los casos, letal. ¿Ejemplos? Varios. Tenían la «bonita» costumbre de beber todos por el mismo vaso, copa o similar, aunque en su favor he de decir que, a sabiendas de lo que podía esconder a veces el agua de los ríos y demás, no solían beberla, sustituyéndola por vino, hidromiel y cerveza, entre otros.

No puedo opinar lo mismo acerca del baño. Dentro de la fortaleza y para sus habitantes, el baño requería de un barreño que se colocaba en el centro de la estancia donde se desarrollaba, además de tiempo. Mucho tiempo. El agua debía calentarse y trasladarse en cubos para llenar dicho barreño, lo cual requería de mucho esfuerzo. Por lo tanto, el ritual se realizaba lo menos posible, dando por sentado que en la misma agua se bañaban todos los integrantes de la familia. Si querías bañarte en el río y estimabas en algo tu salud, mejor hacerlo en primavera-verano, que el agua está más calentita.

Es por eso que acontecimientos como una boda, por ejemplo, se realizaban entonces. Además, así podían recoger un buen ramillete de olorosas flores con las que camuflar, si fuera necesario, el potente olor corporal de la novia en caso de que esta no se hubiera quitado la mugre convenientemente. Sí, de ahí proviene la tradición del ramo de flores que solemos llevar el día de nuestra boda, aunque cómo no, vamos bastante más aseadas que nuestras predecesoras, ¿verdad?

La iglesia tomó mucha fuerza en esta época. Fuerza que iría in crescendo con el paso de los siglos. Prueba de ello es la buena relación que tienen con el poder real. En el caso de TIEMPO DE PROMESAS, con Ordoño, rey leonés, así como con los notables del momento, condes, señores feudales y demás. Todos los asuntos importantes se dirimían con un representante eclesiástico de por medio. Prueba de ello eran las ordalías o juicios de Dios.

Los señores acudían al Altísimo para dirimir la culpabilidad en un juicio. ¿Cómo? El elenco era muy variado, pero para no herir sensibilidades, os muestro un solo ejemplo: colocaban un cubo de aceite hirviendo con un objeto en el fondo. Si el acusado lograba meter la mano y sacarlo sin quemarse, era inocente. Como podréis imaginar, con ese procedimiento nadie resultaba muy inocente que digamos. Aunque si te lo podías permitir, siempre podías recurrir a los Juicios por combate. En ellos ambas partes discutían sus posturas por medio de un defensor o paladín, que se batía con el contrario. El ganador, ganaba también el juicio.

Claro está que no todo el mundo podía acudir a un guerrero que defendiera su razón. Como todo en esta vida, dependía muy mucho de los posibles de cada cual. Era muy probable que el más acaudalado poseyera el guerrero más fuerte, más ágil, más experimentado o todo junto, con lo que terminaría ganando el combate. Algo parecido a lo que ocurre con la defensa legal y determinados honorarios hoy en día, vamos.

Desde luego eran tiempos arriesgados, sobre todo para las mujeres. Encadenadas al poder absoluto de un hombre, no tenían voluntad propia ni capacidad de decisión, debían obedecer so pena de los castigos más creativos y, por supuesto, aceptados por el resto de la sociedad. Aun así, en medio de tanta miseria, guerras, salvajismo y hambruna, me gusta pensar que existía el amor incondicional. Algo parecido a la nobleza, el honor y la valentía de Martín, pero también de Jimena, para enfrentarse a todo su mundo oscuro. Un mundo donde la magia convive con la religión y el amor, junto con el odio forman parte de la supervivencia. Donde la espada sesga la vida del enemigo y defiende el orgullo de una doncella. Donde la perseverancia es capaz de romper las rígidas barreras que separan estamentos sociales para conseguir lo más ansiado: el cuerpo, el alma y el corazón del ser querido.

Todo eso, y mucho más, encontraréis en TIEMPO DE PROMESAS. Por eso espero que disfrutéis leyéndolo tanto como yo he disfrutado creando la historia de Martín, el espadero del rey, el guerrero de ojos verdes fiel a sus principios, y Jimena, la hermosa doncella de cabellos de oro con quien un día soñé.

© Elena Garquin

SINOPSIS
Año 917.
Las continuas batallas contra los musulmanes asolan los nacientes reinos cristianos. Martín Ruiz de Vega, guerrero al servicio del rey Ordoño, decide aspirar a algo más, por mucho que su situación militar le depare suculentas e inesperadas recompensas. Cansado de tanto derramamiento de sangre, solo desea formar una familia y llevar una vida tranquila. Pero la persona elegida por él, la única con quien ansía hacerlo está fuera de su alcance.
Jimena de Medina es una doncella tan inocente como hermosa, cuya memoria se ha visto seriamente afectada tras presenciar el asesinato de su padre, ocurrido años atrás. Desde entonces vive protegida por sus hermanos, esperando el momento de cumplir con los designios del rey, que la ha entregado en matrimonio a un poderoso conde castellano.
Ahora, una misión que le es encomendada al guerrero con el único fin de perjudicarle acabará por convertirse en el mejor viaje de las vidas de Martín y Jimena, provocando una cadena de acontecimientos que pondrán sus corazones a prueba de olvidadas promesas de sangre…

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7 comentarios:

  1. Oins que buena pinta tiene y que ganas de que llegue el 23, Yo ahora mismo estoy con un libro de Elena, Tuareg y estoy encantada de la vida, Así que tengo muchas ganas de seguir leyendo mas de ella, buen post y gracias Elena por contarnos cositas!!!

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  2. Hola Carolina y Elena!!
    La verdad es que el libro tiene una pinta estupenda. No he leído nada de la autora, pero sí que tengo un par de libros suyos en casa, que seguramente termine leyendo este año :)
    Gracias por la entrada, me ha gustado mucho y suerte a la autora con el libro!
    Besos :33

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  3. Lo estoy esperando y le tengo unas ganas enormes ^^

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  4. Desde luego el libro pinta bien! Tengo por lo menos un par de sus libros pendientes, así que a ver si me pongo con ellos, que quiero quitar pendientes, aunque como empiecen a salir reseñas de este no sé si podré contenerme.
    Un beso

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  5. Me ha interesado leerlo porque me viene bien el resúmen. Espero que colme mis expectativas, aunque como lo ha recomendado la gran Nieves Hidalgo debe ser muy bueno. Saludos

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  6. Hola! Me gusta la manera de hablarnos y contarnos de la autora su nueva obra. Es curioso saber que todo comenzó con un sueño. El libro tiene muy buena pinta pero esperare a leer criticas de él así me voy quitando mientras lecturas que tengo pendientes. Un besote guapa

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