Alice Kellen nos habla sobre El día que dejó de nevar en Alaska

04 octubre 2017





Hablar del trabajo de una misma siempre es complicado y a mí me causa mucho respeto, no solo porque a veces tengo la sensación de que crear ciertas expectativas suele ser negativo a la hora de sumergirse en una nueva novela, sino porque resulta difícil no desvelar nada importante para no chafar la sorpresa, así que intentaré evitarlo.

«El día que dejó de nevar en Alaska»
fue una novela que empecé a escribir como cualquier otra pero que, conforme fue tomando forma, se llevó un trocito de mí entre sus páginas, así que le guardo mucho cariño. Y digo «le guardo», con ese tono lejano, porque en realidad terminé la novela hace casi dos años y yo soy una persona muy de cerrar etapas y seguir adelante intentando no mirar mucho atrás; sin embargo, en este caso concreto, sigo sintiendo igual de cercanos a Heather y Nilak, como si hubiese trazado ayer la palabra «fin».

"Me giro sorprendida y dispuesta a contestar, pero cambio de idea en cuanto me encuentro con sus ojos. Con esos ojos. Azules, fríos e impactantes. Su mirada me atrapa, tiene algo cautivador que consigue que se me disparen las pulsaciones. Trago saliva con dificultad. He dejado de sentir frío. En serio. Ha sido como viajar del ártico al desierto en un segundo.

Casi nunca sé decir cómo o en qué momento surge una historia. Suena raro, pero de verdad que por más que lo pienso no consigo dar con el instante exacto. Quizá es porque al principio solo es una pequeña chispa o porque me paso el día imaginando personajes e ideas y al final cojo de aquí y de allá y lo remuevo todo tanto que soy incapaz de ver ese primer hilo del que empecé a tirar. En el caso de esta novela fue algo así; un hilo y otro y otro más que en algún momento terminaron conectando y formando la trama de esta historia. Yo suelo ser una autora que se centra mucho en los personajes y en sus emociones, a veces con eso me basta para contar cómo las vidas de dos personas acaban enredándose, pero en este caso en concreto también hay algo más, un argumento marcado en torno al que gira todo.

Como se cuenta en la sinopsis, la historia da comienzo cuando Heather llega a un pequeño pueblo de Alaska. Ella no carga solo con las maletas que lleva en la mano, sino con muchas otras llenas de recuerdos que intenta dejar atrás. Huir de sus problemas es lo único que cree saber hacer, eso y meterse en líos. Piensa que allí, en aquel lugar remoto, encontrará la calma que tanto necesita, pero en cambio se encuentra con Nilak. Y él… bueno, Nilak es tan complicado como ella. En el fondo no dejan de ser dos personas que se esconden tras muchas capas, rotas, con un pasado que les pesa y un largo camino por delante.

Y todo eso ocurre en Alaska, un lugar del que me enamoré mientras escribía la historia y recorría algunas ciudades y pueblos junto a ellos. No solo por el sitio en sí, sino por todo lo que lo caracteriza, la cultura inuit, el mushing (su deporte), la gastronomía, las costumbres…
Fue muy enriquecedor para la trama en todos los sentidos. Para mí, Alaska, es el envoltorio de esta novela. Eso y también sus personajes secundarios y todo lo que aprendí mientras estaba escribiéndola y me documentaba; intenté hacerlo lo mejor que pude.

"—¿Por qué apenas hablas, Nilak?
Él se encoge de hombros. El vaho escapa de sus labios entreabiertos cuando suspira hondo. Sigue caminando; el ruido de sus pisadas es rítmico y firme.
—No tengo nada que decir.
—No te creo. —Arrugo la nariz, lo adelanto y me planto frente a él. Dirijo la linterna hacia el suelo para que el haz de luz no nos moleste. Apenas nos separan unos centímetros de distancia, puedo sentir el calor que desprende su cuerpo y sus ojos están fijos en los míos cuando vuelvo a hablar—. Sé lo que es estar roto por dentro en pedacitos muy pequeños. Y sé lo que es pensar que nunca conseguirás unirlos y sentirte entero de nuevo.
No sé por qué lo he dicho, pero es lo que pienso. Lo que pensé la primera vez que lo vi. Lo que me da miedo de él y me atrae a un mismo tiempo.
Cierra las manos con fuerza. Está enfadado. Su rostro se tensa, la mandíbula se contrae e inclina la cabeza hacia mí. Me planteo si debo dar un paso atrás y poner distancia entre nosotros, pero al final no me muevo. Creo que podría escuchar el latido de mi corazón incluso a través de las mil capas de ropa que llevo encima.
—¿Qué insinúas, Heather?
—Que estás roto. En pedacitos. Pequeños. —Lo digo a trompicones y en voz baja, como si cada palabra me la arrancasen a la fuerza.
—Bien. —Toma aire—. Sigue caminando.
Me esquiva y reanuda el paso.
—¿Eso es todo lo que vas a decir?

Sé que no cuento mucho sobre la trama de esta historia, pero es difícil hacerlo sin desvelar más de la cuenta. Creo que la magia consiste en ir acompañando paso a paso a Heather y Nilak. Lo que sí puedo adelantar es que la historia está narrada por Heather en primera persona del presente y que, además, cada capítulo se intercala con un diario…

Muchas gracias a Carolina por darme la oportunidad de participar en esta sección. Ojalá mis palabras tienten a algún lector para que termine dándole una oportunidad a «El día que dejó de nevar en Alaska» ;D

A LA VENTA EL 9 DE OCTUBRE

5 comentarios:

  1. Me compré uno o dos libros de la autora y aún ni lo he leído, para matarme. encima tiene muy buena pinta este nuevo, buen post chochete

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  2. Hola!!
    Es una autora que me gusta mucho y estoy deseando de leer el libro.
    Un saludo :)

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  3. Holaa, me encantó la entrada!
    Estoy deseando conseguir este libro. Saludos :)

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  4. Holaaa!!!

    Alice Kellen me encanta desde 33 razones para volver a verte que se ha convertido en uno de mis libros favoritos. Quiero hacerme con su nuevo libro muy pronto, tiene una pinta genial.

    Besos

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  5. Hola guapisima!!! Aiiis esta novela esta en todas partes y necesito leerla. Una entrada fantastica que no ha echo más que aumentar mis ganas de leerlo admeás todo lo que he leido de la autora hasta el momento me ha encantado.

    Un beso

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