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Autores al habla: Romina Naranjo y su "Al pie de la montaña"

16 marzo 2018


Al pie de la montaña nos cuenta una historia de amor y miedo. De superación, de valentía y de segundas oportunidades. Cuando todo va mal, cuando el peligro acecha y el mal que te persigue es más grande y más fuerte que tú, cuando sientes que no tienes donde ir o manera alguna de escapar, lo único que puedes hacer es tomar una decisión: dejar que el enemigo te cace o pelear contra él con todo lo que tengas. Y de eso último, va esta historia, que se centra en Virginia occidental, en el año 1922. La Ley Seca está vigente y el invierno empieza a arreciar en Morgantown, el pueblo situado en la falda de los Apalaches donde se desarrolla la acción principal de la novela.



Él, es Harry.
A pesar de que es el más joven de los hermanos Murphy, el peso de la granja cae sobre sus hombros. En la casa familiar viven su madre, su cuñada y su sobrino, y aunque éstos deberían estar al cuidado de su hermano mayor, Boyle, es Harry quien se encarga de las tareas más pesadas. Y de prácticamente todo lo demás.
Metódico, trabajador y solitario, vive su vida siguiendo una norma muy simple: hacer todo lo que se espera de él.

De más joven, Harry intentó labrarse una vida por su cuenta, pero al fallecer su padre, quedó muy claro que Boyle no sería capaz de proveer a su familia, por lo tanto, Harry ha paralizado por completo sus deseos y aspiraciones y se dedica única y exclusivamente al trabajo y cuidado de los suyos.

Aunque es cariñoso y posee un gran corazón, Harry podría definirse como un hombre solitario y un tanto huraño. Con su sombrero calado, el pelo color del trigo siempre revuelto y la barba rubia cubriéndole la parte inferior de la cara, siempre tiene alguna tarea entre manos con la que ocupar su mente. Sus pensamientos, guardados para sí mismo. Sus sueños de romance y familia propia, bajo llave. Es educado y respetuoso con las mujeres, agradable con los niños; un hombre confiable y honrado. Todavía no lo sabe… pero cruzarse con Bree hará que las puertas de sus pasiones se abran de par en par y le resulte imposible volver a cerrarlas.

A partir de ese primer encuentro, cuidar de ella se convertirá en la mayor prioridad de Harry, y amarla será una consecuencia inevitable de esa convivencia, que aún rodeada de mentiras y miedo, les dará a ambos un motivo muy poderoso para vivir: alcanzar la felicidad.

Echando una mirada a las heladas aguas, Harry divisó el brillo de algún pez rezagado que todavía no había subido río arriba para desovar. Trató de recordar si había cargado los útiles de pesca, de ser así, tal vez hiciera una parada rápida para hacerse con un esturión que llenara su estómago esa noche.

Ya iba a echar el brazo hacia atrás para destapar la lona que cubría el contenido de la carreta, cuando algo llamó su atención. Con todos los sentidos alerta, tiró de las riendas y siseó. Los caballos se detuvieron.

−Eso no parece una roca –murmuró, al tiempo que entrecerraba los ojos bajo el ala del sombrero−, y desde luego no es un pez.
Giró el cuerpo hacia un lado y alcanzó el rifle con la mano derecha. Después, saltó al suelo, y colocó el arma sobre su hombro por si tuviera que abrir fuego. No le gustaba disparar, pero lo hacía con pericia si las cosas se ponían feas. Cuando uno tomaba caminos como ese, a veces se veía en la tesitura de tener que decidir entre el pellejo propio y el de alguna bestia que se cruzara en el camino.

Con tiento, fue acercándose todo lo que pudo a la orilla del río, notando como el agua fría le mojaba las suelas de las botas. Se agachó lo suficiente para poder ver a través de las ramas bajas de los arbustos, que habían crecido al amparo de la humedad y siguió avanzando.

Con asombro, se percató de que aquello que yacía junto al agua, humedecido por el rocío y los copos de nieve que caían sin cesar desde hacía un buen rato, era un cuerpo de persona. Bajando apenas el arma, dio un par de pasos largos, hasta situarse a un escaso metro. Entonces, la vio con toda claridad.
Una mujer.

(…)

−¿Señora? –llamó, sin obtener respuesta−. ¿Puede oírme, señora?

No hubo reacción alguna.

Volvió a tomarle el pulso y no encontró ni rastro del latido que segundos antes la mantenía con vida. Acercó la mejilla a los labios azules de la mujer para asegurarse de que todavía no era tarde para hacer algo por ella. Si no respiraba, si había exhalado su último aliento, más le valía sacar la pala de la carreta y pensar en darle cristiana sepultura.

A sabiendas de que no estaba obrando con la corrección que se le exigía pero consciente de que el tiempo corría en su contra, Harry tanteó las precarias ropas que llevaba la muchacha, soltando algunos botones de la camisa en busca de algún signo de vida. La piel inmaculada y fría que lo recibió le arrancó un suspiro de admiración, pues jamás había contemplado tanta delicadeza mancillada por la mano del hombre. Sus dedos calientes hallaron el lugar donde el corazón palpitaba con debilidad, pero no notaba aliento ni existía movimiento alguno en su pecho que le diera esperanzas. Si no lograba hacer algo para que volviera a inhalar aire, moriría.

—Vamos, señora, no me complique más el día, por Dios —musitó, acercando de nuevo el rostro a su boca entreabierta.
El roce de aquellos labios al punto de la congelación en su mejilla sin rasurar, provocó un brote de furia que rugió en las entrañas de Harry. Era demasiado hermosa para dejarla morir y haría lo que estuviera en su mano por darle aliento. Dejándose arrastrar por su lado más irracional, deseo incluso poder darle el suyo propio, cualquier cosa, antes que verla perecer, perdiéndose el resto de una vida que apenas había empezado.

La idea lo hizo reaccionar, y sin pensar en lo que se proponía, acercó sus labios a los de ella hasta que la boca de la mujer tomó posesión de una ínfima parte del calor que la suya desprendía. Tan solo unos inocentes segundos después, comenzó a notar un leve movimiento y sintió que se la arrancaba poco a poco a la muerte. El hálito tenue de su respiración actuó como un bálsamo para el orgullo de Harry y, acicateado por la idea de hacerla despertar de la pesadilla que estaba viviendo, se estrechó más contra su cuerpo para transmitirle vida y esperanza, sin prestar atención a lo indecoroso de las circunstancias, ni a la intensidad que tomaba el beso que ambos ya compartían, mezclando sus alientos, compartiendo la respiración. Le pareció que ella le correspondía, pero ordenó a su mente alejar locura semejante de sus pensamientos.
Ella, es Bree.
Su mayor pecado es ser demasiado ingenua e inocente. Al principio de la historia, veremos a Bree tomar muchas malas decisiones, dejarse llevar por el corazón y cometer errores graves. Tanto, como para poner en riesgo su propia vida.

Cuando cree estar enamorada, no duda en seguir a un mal hombre hacia lo que ella cree que será el principio de algo nuevo y feliz… pero en realidad, se ve abocada al dolor y el tormento.

Su marido la engaña y traiciona. La emprende a golpes con ella y todos los planes que su imaginación había creado se hacen pedazos. Bree es muy consiente, por primera vez, de las duras implicaciones que tiene haber dejado el único hogar que conocía. La realidad la hiere con tanta fuerza como los puños del mal hombre que la tiene cautiva, y es consciente de que solo le queda una salida si quiere sobrevivir: huir.

Esta protagonista femenina aprenderá y madurará durante el transcurso de la historia. Pasará de ser una niña inconsciente y asustada a convertirse en una mujer capaz de tomar decisiones inteligentes y enfrentar cualquier cosa con tal de mantenerse segura. Bree estará asustada y pasará penalidades realmente conmovedoras, pero todas ellas forjarán su carácter y la enseñarán a confiar en las personas que realmente lo merecen.

Será lo bastante fuerte para intentar ponerse a salvo, aunque la única escapatoria que se le ocurra sea emprender el tortuoso camino que la lleva directamente a los nevados Apalaches. Apenas abrigada, sin cobijo ni nociones de donde se encuentra, asume que prefiere morir congelada antes que hacerlo bajo el yugo de un hombre que rompió su corazón.

Cuando apenas le quede esperanza. Cuando haya sido capaz de hacer lo impensable, cuando no haya más que desolación y muerte a su alrededor… Harry Murphy dará con ella.
Y ahí, es donde todo cambiará para siempre.

−¿Señora? ¿Puede oírme?

Preguntó una voz ronca, pero clara y agradable. Una voz masculina, que no pertenecía a Dairon.

Bree enfocó la vista nublada y vio a un hombre alto y corpulento inclinado sobre ella. Llevaba el cabello ligeramente despeinado y del color del trigo oscurecido que hacía juego con una barba que se le diseminada sobre las mejillas y el mentón, cuadrado y fuerte. Sus ojos eran azules, un detalle que le pareció reconocer. ¿Dónde había visto a ese hombre antes?, pensó asustada, incapaz de recordar nada.

Percibió los hombros y el torso amplio, cubiertos por una camisa metida dentro de unos pantalones gruesos con tirantes. Los brazos, fuertes como troncos de árbol, caían a los lados de su cuerpo. Le vio levantar una mano, grande y ruda, que movió ante su cara. Pálida del susto, intentó removerse en el sofá, pero él la sujetó con cuidado y firmeza.

−No se mueva. Tenía el brazo dislocado y tuve que colocárselo. Le dolerá como el infierno si se apoya en él.

(…)

−Mi nombre es Harry Murphy –anunció con voz clara pero baja−, vivo en una granja con mi familia, cerca de Morgantown, montaña abajo. La encontré a un lado del Potomac.

Bree procesó toda la información, diciéndose que aquello era imposible. ¿El río? ¿Había llegado al río? Ni siquiera recordaba haber visto u oído agua. ¿Cuántos días habían pasado? ¿Cuánto tiempo?

−Pasó la noche inconsciente, medio congelada –siguió Harry, señalando con la cabeza sus manos−. No ha perdido ningún dedo, pero el brazo necesitará tiempo para curar, y la cara…

Bree se cubrió con la mano sana, notando que las lágrimas se abrían paso sin que pudiera esconderlas. Todo volvió a su memoria de repente, las pisadas a su espalda, las amenazas de brutalidad que Dairon le había declarado y el instinto de supervivencia, que al parecer la había llevado a aquel lugar. Con otro hombre desconocido.

De forma inconsciente, volvió a mirar la piedra, sintiéndose extrañamente insegura sin tenerla aferrada en su mano. Harry comprendió cómo debía sentirse, se inclinó, recogió la roca y la dejó en su regazo.

−Téngala si la necesita, pero le aseguro que no voy a hacerle ningún daño. Soy una buena persona, aunque tal vez mi palabra valga poco para usted. Esté tranquila, no corre peligro.

Con cuidado y torpeza, Bree giró el cuerpo lo suficiente para poder mirar a Harry de frente. Aunque su aspecto parecía amenazador, grande y rudo, mantenía con ella una distancia suficiente para no hacerla sentir amenazada. Agradeció aquel gesto, e imaginó que no sería lo único por lo que debería dar gracias a aquel hombre.

−¿Puede decirme su nombre?

Por fin, la desconocida de cabello rojo despeinado, cara magullada y ojos tristes de color avellana, separó los labios, dispuesta a darle a Harry un foco de esperanza que le llevara a descubrir cómo su vida, tan organizada y rutinaria, había dado semejante giro en solo unas horas.

−Bree… −apenas reconoció la voz como suya, de tan aguda como le sonó−, Caser.

Al pie de la montaña, es, hasta el momento, mi novela más personal. He disfrutado de cada momento escribiéndola, corrigiéndola y dejando que la trama me llevara donde quisiera. En mi mente, todo estaba hilado y transcurría de forma natural. Durante los meses que pasé entre sus capítulos, fui incapaz de hacer nada más que centrarme en la historia de Harry y Bree. Vivía con ellos, respiraba con ellos. Todos mis pensamientos eran para ellos.

Sentí que toda la familia Murphy me era conocida, que cada uno de ellos, la matriarca Rose Anne, la abnegada esposa Mary Kate, el egoísta y malencarado Boyle y el pequeño y dulce JJ me hablaban a gritos a través de cada línea, haciéndose presentes, dándose a ellos mismos personalidades diferentes. Convirtiéndose en algo real a cada página.
Escribir un western siempre fue una ilusión para mí. Es un género que disfruto mucho, algo que realmente me encanta, pero no fue hasta hace poco más de año y medio que me sentí realmente preparada para enfrentar la tarea de ponerme al frente de un libro como Al pie de la montaña.

Tenía muy claro cómo debía ser todo. La cabaña perdida en medio de os árboles nevados, la granja, los personajes… y entonces, un día, sentí que las piezas encajaban y que era momento de empezar a hilar la novela por completo.
Una vez estuvo terminada y pasó por manos de una de las mejores lectoras cero que se puede encontrar —la también autora Patricia A. Miller—, la envié a Titania, directamente a las manos de Esther Sanz, porque en mi mente, ese era el único lugar posible para Harry Murphy, y en ningún momento me planteé si quiera probar suerte en ningún otro sello.
El proceso de crear esta historia ha sido gratificante y un verdadero placer. Un punto de inflexión. Un completo antes y después para mí.

Tras Al pie de la montaña me siento llena de agradecimiento y emoción. Las opiniones que estoy recibiendo, el seguimiento y el trabajo que están haciendo tanto en la editorial como en las distintas páginas y blogs que se están interesando por conocer este pedacito de mí, me embarga de emoción y me hace desear comenzar con un nuevo proceso otra vez.

Cada historia que creo es diferente y especial por distintas razones, siempre suponen un reto y marcan un momento importante para mí. Al pie de la montaña me ha cumplido un sueño muy grande y lo único que puedo hacer para devolver algo de todo lo que ha supuesto para mí es tener ambición, ganas de mejorar y enfrentar cualquier reto que devenga de ella.
Harry Murphy me ha demostrado que la fuerza de voluntad puede conseguirlo todo. con Bree he aprendido que la esperanza y el afán de seguir adelante pueden lograr que hagas cosas de las que jamás te creiste capaz.

Espero que el lector que decida emprender con ellos este viaje por tierra inhóspita y romántica a la vez, encuentre en la historia algo que le toque el corazón. Las montañas pueden ser traicioneras, pero también embrujan y una vez que te entregas a ellas… ya no hay forma de sacarlas de tu corazón.

Muchas gracias, de todo corazón, a Carolina McDiamond por la oportunidad de presentaros unas pinceladas de lo que podéis encontrar en Al pie de la montaña. Y gracias a todos los lectores y lectoras de Bella Diamond por querer emprender esta aventura de la mano de Harry Murphy y su pintoresca familia.
Espero que no os deje indiferentes.

Con un suspiro, ella le miró. Los recuerdos de aquel momento en el establo le parecieron de pronto pertenecientes a otra vida, sentidos por otra persona. Muy lejos de esa realidad donde había problemas y tristezas. Deseó acercarse a Harry y ofrecerle el consuelo de un gesto amable y una caricia. Quiso darle mucho más que todo cuanto ella era, aunque no fuera poseedora de bien alguno. Lo que ahora veía en él distaba mucho de ser rencor o desdén. Había un calor ardiente en los ojos de Harry, un ardor que solo tenía un objetivo: ella.

Los sentimientos se abrieron paso, amenazando con provocarle lágrimas de anticipación, y las ganas de sentirle cerca, de percibir su contacto, se inflamaron, pero no pudo. Tocarle podía hacer que el deseo renaciera. Y debía recordar, por su propio bien y el de él, que su vida era demasiado complicada, y apreciaba demasiado a la familia Murphy, como para complicarles la existencia con sus problemas.

—Hemos dejado de tutearnos otra vez —advirtió Bree. Cualquier cosa con tal de deshacer el nudo tenso que volvía a crearse entre los lazos de sus miradas.

—Yo solo hago lo que usted me ordena, señora. La sigo como un perro a cada paso que da, porque el control nunca ha sido mío.

8 comentarios:

  1. Hola!!
    Este libro tengo muchas ganas de leerlo.
    Un besito :)

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  2. Ya tengo este libro y tengo muchas ganas de leerlo, Ayyyy mi Charlie Hunnam, que yo se que a la escritora le encanta, muajajajaja, tiene muy buena pinta y muy buen post

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  3. Pues estoy deseando leerlo desde que lo vi publicado :)

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  4. Hola!!
    Lo tuve el otro día en las manos, pero admito que el oeste no es mi subgénero favorito. Esperaré a ver qué se comenta de él
    Muchas gracias por la entrada!!!
    Un besote

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  5. Para mí cumple q es el mes a viene tiene q caer😆,me encanta de q va,la época,el género,el Oeste, todo.Gracias por reseña guapa.

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  6. hola
    no te puedes imaginar las ganas que tengo de agarrar este libro, pero me toca esperar al día del libro, creo que me lo van a regalar.
    Gracias por la reseña
    Besotes ♥

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  7. Fue de mis lecturas de marzo y lo disfruté mucho, todo tan bien escrito y documentado, y Harry y Bree me encantaron <3

    ¡Besos!

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